Una sala redonda. Silla. Me desnudo. Me siento. Me miro. Click! Asoma una severidad que abruma. Y me pregunto: “quién soy yo para juzgarme?”
En cuál silla te sentás? Desde cuál observás? En cuál sentás al otro?
“Nada es desechable. Todo es utilizado por la conciencia” dice Sergi Torres
Y este pensamiento es para mí un atajo rápido a la neutralidad.
Y así se completa esta serie donde el juicio es sinónimo de aceptación.
Por tanto de perdón y amor. Que dúo! O trío! Siempre de la mano.
Que fácil es perderse en la severidad y que sencillo puede llegar a ser el movimiento de aceptarla: solo hace falta poner la conciencia (atención si prefieres) ahí.
Cuando acepto (aunque no lo comprenda aún del todo) que todos somos parte de la misma conciencia, que es plena y libre, ya no hay juicio, ni separación.