El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao.

El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre.

Sin nombre es el principio del universo; y con nombre, es la madre de todas las cosas.

Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser, sólo vemos su apariencia.

Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre.

Su identidad es el misterio.

Y en este misterio se halla la puerta de toda maravilla.

Tao te king – Lao Tse

 

Qué es la verdad? Nada estático, desde luego. Y entiendo que mal-llamo Verdad a la «creencia».

La creencia es estática. La verdad es movimiento.

La creencia se instaura y ejecuta desde el inconsciente hasta que zas! la ves un día. Y es cuando toca aceptarla, para luego desterrarla y eliminarla. Si una está atenta, es un movimiento constante, hasta infinito, me atrevo a decir.

Si elijo la fotografía es porque captura un momento. Casi como una burla a lo transitorio.

¿Cómo generar movimiento en lo estático?

La magia del enfoque y lo extraño del desenfoque. Y así estoy. Desenfocando lo que creía nítido.

Y dejándome sorprender por lo que fluye y no se atrapa.

Pero que tampoco se escapa. Porque ¿cómo se puede escapar aquello que Es?

Y llevo días borrosa, o nítida. Mirándome al espejo, contemplándome al caminar, sintiendo el tono de mi voz y acechando las palabras que escojo. Qué extraña me siento.

Una gran desconocida.

Un absoluto misterio.

Una puerta abierta.